martes, enero 13, 2015

Misión e Inspiración


Muchas veces he hablado desde la teoría, muchas otras desde la práctica aplicada a empresas, organizaciones u otras personas. Lo que nunca he hecho es hablar de la práctica desde lo personal.

Una de las cosas que tanto he postulado es que no hay proyecto que no pueda llegar a buen puerto si antes no se tiene bien clara cuál es la misión. De ello, los teóricos han dicho que una misión es un objetivo permanente, es una meta constante a alcanzar; situación que a veces suele ser confusa pues hay quiénes se mantienen en la postura de que el propósito de toda empresa es "hacer dinero", aspecto que no niego que yo mismo lo he pensado en repetidas ocasiones, como consecuencia del sistema capitalista en el que hemos vivido.

Sin embargo, hay otros teóricos que dicen que la misión de una organización es el PROPÓSITO más puro para el que fue creada. Ésta teoría es, desde mi punto de vista, mucho más certera pero poco entendida y aplicada, y, ¿¡cómo no va a ser así cuando la mayoría de las organizaciones es contradictoria entre lo que dice y lo que hace!? (¿Algún parecido con la realidad humana?)

Misiones que postulan que dichas empresas se han creado para mejorar productos, para dar mayor calidad, mejor servicio, más soluciones, mejores formas de satisfacer necesidades. Son empresas que han olvidado u omitido mencionar propósitos mas loables como el bien social,  el desarrollo de la comunidad, la valía de sus trabajadores, el cuidado del medio ambiente, la prevención de la salud, evitar la violencia y la delincuencia, promover la cultura y la educación.

Creo fervientemente que muchas empresas si siguen varios de dichos propósitos, pero no son conscientes de ello y es que la consciencia parte de lo individual par luego ir a lo grupal.

¿Por qué digo esto? Bueno, he sido el consultor de varias empresas y en repetidas ocasiones he tenido que ser el autor intelectual de la "Misión" de mis clientes. Lo curioso es que siempre cuesta mucho trabajo llegar a entender qué escribir y dejarlo a gusto del cliente, aunque no siempre refleja la realidad, por ello, algunas veces he dicho: La misión de algunas empresas son solamente lindas frases publicitarias.

¿Cómo me rescato ante ésta declaración? En realidad ni pretendo justificarme como el autor de misiones que no son tal, ni tampoco me importa mucho la opinión de quienes intenten satanizarme. Lo importante es que basado en aquel dicho de "en casa de herrero, azadón de palo", pues regreso al punto más importante de mi vida ¿Cuál es mi misión? ¿Cuál es el propósito de mi vida? Y, cómo lo habrán visto en el vídeo que verán abajo, pues un propósito se va formando día a día.

Yo en lo personal estoy preocupado por todos esos alumnos en el aula universitaria que no sólo no saben sobre su propósito en la vida sino que ni si quiera pueden proyectarse a tan solo uno o dos años a futuro. A esos chicos de la nueva generación que solo ven en las noticias los índices de desempleo, de violencia, de pobreza. Esos jóvenes que sin duda en sus cabezas solo se repiten la pregunta "¿Para qué?"; ¿para que estudiar si no hay trabajo? ¿para qué esforzarme en tener dinero si cualquier hijo de vecina me lo roba mañana? ¿para qué superarme si no llegaré a ser más que un número en la nómina de las empresas?

Hoy me doy cuenta que mi propósito en la vida es ayudarlos a ellos y a cualquier persona de cualquier edad a que encuentren su verdadero propósito en la vida, que materialicen sus sueños en realidades concretas, a que cumplan sus metas. Hacerles ver que su futuro depende de ellos, que sin duda son valiosos y que pueden crear todo lo que deseen aun cuando rompan las reglas. Estoy en un momento de mi vida en que comparto lo que sé, que aprendo lo que los demás quieren darme, que reto a romper esquemas, que reto a que la gente se atreva a vivir su vida, a sentirse libres, que sean la inspiración para los demás y que tengan el valor de arriesgarse para sentirse vivos. Y ésa, ¡ésa precisamente! es mi misión, que digo misión; ¡MISIÓN! ¡Cueste lo que cueste!


miércoles, diciembre 10, 2014

¡México no es un país de Chavos del 8!


“Es triste ver que éste país le llora más a Chespirito que a las muertas de Juárez”, son unas de las muchas palabras que escuché del admirable de Gabriel Carrillo Valls, un joven líder inspirador. Y es que a quince días del fallecimiento de Roberto Gómez Bolaños, al fin he tenido la oportunidad de escribir lo que tanto ha pasado en mi mente a raíz de su deceso.
En uno de mis recientes posts en Facebook dije que nunca me identifiqué con el personaje del Chavo del 8 por la forma en la que se trataba a la pobreza. Un niño que no sabe sus verdaderos orígenes, que aparentemente no tiene un techo que lo cobije, que vive en una constate sumisión y maltrato por parte de los adultos; que está en constante rivalidad y agresión con sus contemporáneos, a veces como víctima de la Chilindrina, a veces de agresivo con Kiko y otras discriminando a Ñoño. Un niño que aparentemente asume, acepta y decide ser feliz con su pobreza y su “destino”. Un personaje que queda como anillo al dedo a un país en donde un alto porcentaje de la población está en situación de pobreza, en donde los medios de comunicación se encargan de decirle a la población: “eres pobre, así que sé feliz como el Chavo”.
Cuando yo era niño siempre me imaginé que el Chavo del 8 un día crecería y que tendría un destino diferente a la realidad mostrada en su “bonita vecindad”, pero, ahora con su muerte, me tropecé con una entrevista que le hizo Carlos Loret de Mola en 2008, en donde el reportero le preguntaba a Gómez Bolaños qué había sucedido con el Chavo al crecer. Por un momento pensé que su respuesta no iba a ser tan diferente a cómo yo me había planteado el destino del Chavo, pero fue decepcionante ver cómo Chespirito dijo que el Chavo creció y que sencillamente nunca tuvo oportunidades y se quedó tal cual era de niño, es decir, pobre y feliz. Y yo agregué que tampoco se podía descartar toda aquella personalidad subconsciente que salía en sus travesuras: agresivo, víctima, victimario, individualista, resentido, manipulador, controlador.
No soy quién para juzgar, pero me puse a pensar que no habría otro destino para ése niño sin  nombre sí su creador reflejaba a través de él su personalidad. Un hombre que fue ovacionado mientras su carroza fúnebre paseaba por la ciudad para ser homenajeado en un recinto enorme, pero un hombre que vivió resentido con sus compañeros, con aquellos con quienes un día hizo un equipo. A quienes nunca dejó crecer, ni dejó que disfrutaran de su éxito. Resentido en la vida real con Carlos Villagrán solo por aquel affair con Doña Florinda, su madre en la serie; como si en ése “incestuoso” asunto sólo hubiera un culpable y Florinda Meza no hubiera participado abriendo las piernas. Ése hombre que rompió la relación con Maria Antonieta de las Nieves al ser “víctima” de la usurpación de un personaje que “creó” Gómez Bolaños, pero los que alguna vez hemos actuado sabemos que el texto se enriquece con la construcción del personaje por las aportaciones del actor, así que María Antonieta tuvo que aportar mucho de sí para crear a La Chilidrina; con todo y todo que sea hoy señalada como “ratera” por algunos ilustres conductores de programas amarillistas de espectáculos como Gustavo Adolfo Infante (como si él no ser robara la vida de los demás para crear dinero a través de su programa (¿O no Gustavo? ¿Me vas a decir que eres diferente a María Antonieta sí en esencia estás haciendo lo mismo?).
Chespirito y sus personajes son elementos que han hecho de éste país un México decadente, un México sumiso, un México con destino que nos lleva a la negación de nosotros mismos, y lo peor de todo es que cuando viajamos al extranjero siempre nos reconocen por esa imagen creada por los medios de comunicación: Pobres, pero felices.

No dejo de reconocer la creatividad y el trabajo de un hombre, pero, ¡no señores, yo no lamento que haya fallecido! Y yo no doy honores a un hombre que refleja de México un país que yo no quiero tener. No estoy de acuerdo con lo que él creo, así que me comprometo a un México mejor, un México digno, un México amoroso.